domingo, 6 de junio de 2010

La heroína de San Blas

Buenas,
después de un tiempo meditandolo he decidido abrir un blog. Un lugar donde transformar, pasar y hacer explícitos mis pensamientos perturbadores que transcurren por mi diminuto y amueblado cerebro. Hoy os dejo un retrato de un personaje un tanto peculiar. Espero que lo disfrutéis.

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Aceptar a la Esteban como animal de compañía debería darse por válido incluso fuera del juego Scattergories. Por si la sociedad española no tenía bastante con estar afiliada por obligación, a un programa de apadrinamiento para la Preservación de Especies de la Realeza en Peligro de Extinción, un día nos encontramos un animal con apariencia indefensa y se nos encoge el corazón.
La madre y la hija quieren quedárselo y el resto de la familia acaba por ceder y dar su visto bueno. Además, mirándolo bien, parece un bicho agradecido, con capacidad para entretener, nos hace reír su forma de actuar, su cercanía y consigue ganarse poco o mucho la confianza de los miembros de la familia.

Tras su ajado rostro, difícil de cuadrar visualmente con su esbelto y delgado cuerpo, ojos saltones y amoratados, nariz traqueteada y labios de salchichón, la protagonista esconde un pasado de telenovela. De esas como las que echan cada mediodía en Televisión Española y que multitud de señoras esperan con devoción la evolución de una trama que se conocen al dedillo, pero que en cada temporada es representada por actores diferentes.

Esa chica de barrio que se enamora del torero adinerado, famoso y putero , que se queda embarazada y es rechazada por la familia de él, viéndose obligada a abandonar el castillo y luchar a capa y espada por su hija, resurgiendo de los suburbios como la heroína justiciera.

Aunque en su caso, sea el espectro de su hija la que le permita asegurarse el pollo para sobrevivir. La chica de San Blas consigue salir adelante gracias a su don de retroalimentación. Capaz de vivir relatando sus desgracias, generar debate, controversia, especulación, rumor y polémica, retabilizando cada “error” del pasado, engordando los guiones de esa trama que nos apena y que vemos hecha realidad.

Y es , la sociedad, que por neciedad o compasión le abre las puertas de su casa, la corona princesa del pueblo, la ayuda, la defiende y se come las uvas con ella. Pasando del barro a lo más alto del Campanario en fracciones de campanadas. Un cielo virtual, que ella misma cree y crea, una carta endulzada que le empieza a pasar factura.

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