jueves, 10 de junio de 2010

Bajo el disfraz de la prostitución

Me gustaría empezar este artículo con una anécdota personal. El bloque donde he vivido durante toda la vida, tiene vistas a un pequeño parque, reformado recientemente. Ha sido desde siempre un lugar de encuentro, diversión y charlas tanto para los niños que salen a jugar después del colegio, madres, adolescentes y gente mayor que pasa las tardes al Sol repitiendo batallitas e historias personales de lo que antaño fueron.
Hace cosa de dos años que al caer la noche, un grupo de prostitutas rumanas invaden el parque. Sé que son extranjeras porqué las oigo des de mi habitación, peleándose a grito pelao con mi vecina Maripaz, una anciana de setenta años afectada de demencia senil.
La pobre Maripaz ha adoptado el rol de defensora de la comunidad, desempeñando tareas que van des de la retirada de preservativos usados de las jardineras, sereno, alarma ahuyentadora y retransmisora de dimes y diretes y acontecimientos nocturnos.
Y es que el fondo la comprendo, no es nada agradable escuchar por la televisión prácticamente a diario, noticias que nos informan de la desarticulación de bandas organizadas, dedicadas al negocio de la prostitución, políticos y personajes famosos involucrados, señoritas ligeras de ropa ofreciendo servicios sexuales las 24horas al lado de colegios i rotondas o el cierre de prostíbulos ilegales situados en los entresuelos de l edificios y un largo etcétera. Vivirlo en primera persona, aun lo es más, aunque mi caso no sea de los más graves, llevamos demasiado tiempo luchando para acabar con esta situación y hasta el momento, no hemos conseguido nada.
Por otra parte, es bien sabido por la mayoría de vecinos, que la hija de Maripaz lleva mucho tiempo recibiendo visitas nocturnas de señores aunque este hecho no haya perjudicado nunca a nadie ni haya ocasionado problemas en el bloque.

Entiendo que haya personas a las que les gustaría vivir en una sociedad en la que todo el mundo conociera a su pareja formal, se casaran y fueran felices sin tener que recurrir a la prostitución. Tenemos que ser realistas, ya que mucha gente no tiene la suerte de satisfacer su necesidad sexual, un instinto primario de todo ser humano, y tenga que recurrir a tirar de bolsillo o tarjeta. Es por eso que creo que nos equivocamos a la hora de focalizar la raíz del problema, hemos de aceptar que el intercambio de favores sexuales ha existido y seguirá existiendo en toda la vida.

Bajo mi punto de vista, lejos de estar de acuerdo o en contra de la prostitución y las diferentes posturas que existen para encontrar una solución que favorezca a la mayoría, podríamos centrar los esfuerzos de todos y encontrar nuevas medidas que frenen (ya no digo poner fin porque es imposible) a toda la red que se ha ido tejiendo durante años en la sombra, escondida bajo el disfraz del término prostitución, al margen de la ley, hasta llegar a un límite desmesurado que abarca todos los ámbitos de nuestra sociedad y en los que a día de hoy, nos encontramos con sus residuos y deshechos. Estoy hablando de todas estas bandas dedicadas al trato de blancas, amas del dinero negro en España, en las que están involucradas gente de fuera y de dentro del país, que engaña, esclaviza, maltrata y juega con los sentimientos de muchachas que se suben al carro en busca de un futuro mejor, y llevar la prostitución al máximo exponente del negocio. Que se ha alimentado de las debilidades de nuestra moral colectiva, debilidades políticas y el doble juego que ejercen los medios de comunicación junto a otras empresas y negocios, lucrándose de ella a cambio de publicidad o financiación.

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